A pesar de encabezar una de las administraciones municipales más cuestionadas en la historia reciente de Tizimín, el alcalde Adrián Quiroz Osorio ya comenzó a mover sus piezas para buscar la reelección, en medio de un creciente rechazo ciudadano, malos resultados y un evidente desgaste político.
Con la mira puesta en agosto, mes en el que Morena definirá a sus candidatos rumbo al proceso electoral de 2027, Quiroz pretende mantenerse en el poder, aun cuando su gestión ha sido señalada por la falta de resultados, promesas incumplidas y una administración caracterizada por la improvisación y el abandono de las principales problemáticas del municipio.
De acuerdo con información interna del partido, la dirigencia nacional y estatal reculó en su intención inicial de frenar la reelección de alcaldes, debido a la presión ejercida por ediles en funciones. Sin embargo, se mantuvo abierta la puerta para que familiares de funcionarios y legisladores busquen cargos de elección, reforzando las prácticas de nepotismo que Morena prometió erradicar.
En este contexto, la figura de Lina Fernández, esposa del alcalde y titular del DIF Municipal, también ha sido objeto de críticas. A casi año y medio de administración, su gestión es señalada por la falta de programas sociales efectivos, mientras su presencia pública se ha limitado, según ciudadanos, a eventos protocolarios y apariciones mediáticas sin impacto real en la población vulnerable.
Morena estableció que en agosto de este año deberá contar con sus aspirantes definidos, con el objetivo de “sanar” las fracturas internas antes del arranque formal del proceso electoral. Además, quienes busquen competir en 2027 deberán separarse de sus cargos públicos, lo que coloca a Quiroz ante un dilema: dejar el Ayuntamiento o continuar utilizando la estructura municipal como plataforma política.
Proselitismo disfrazado de convivencia
Una de las primeras señales de la estrategia reeleccionista del alcalde se dio el pasado 2 de enero, en el marco del Día de la Candelaria, cuando encabezó una “tamaliza” en el recinto ferial, a la que fueron convocados empleados del Ayuntamiento y simpatizantes de Morena.
Aunque el evento fue presentado como una convivencia tradicional, en los hechos tuvo un claro tinte proselitista. Para muchos asistentes, se trató de un mitin disfrazado, diseñado para reposicionar la imagen del edil en un momento en el que su popularidad se encuentra en niveles bajos.
Diversos sectores consideraron el acto como el arranque informal de su campaña, utilizando recursos públicos y estructuras oficiales para promover su figura, lo que ha despertado cuestionamientos sobre el uso indebido del poder con fines electorales.
Hartazgo social y crisis en servicios básicos
Mientras el alcalde reparte tamales y busca reflectores, Tizimín enfrenta serios problemas en servicios públicos, infraestructura y atención social. Colonias enteras continúan con rezagos históricos, calles deterioradas, deficiencias en alumbrado y carencias en el acceso a apoyos básicos.
El malestar social se ha intensificado en los últimos meses debido a las bajas temperaturas que afectan a la región, situación ante la cual la administración municipal ha mostrado una respuesta limitada y tardía.
Habitantes de zonas marginadas han denunciado que, en lugar de destinar recursos a eventos festivos, el Ayuntamiento debió priorizar apoyos emergentes para familias que enfrentan el frío sin condiciones adecuadas de vivienda. Incluso, se reportaron casos de personas intoxicadas por monóxido de carbono al intentar calentarse con métodos improvisados, reflejo de la falta de una política social preventiva.
Un gobierno desconectado de la realidad
Pese al evidente hartazgo ciudadano, Adrián Quiroz mantiene su intención de reelegirse, ignorando las críticas, los señalamientos y las demandas sociales. Para muchos habitantes, su actitud refleja un gobierno sordo y ciego ante la realidad del municipio.
Organizaciones locales y voces ciudadanas advierten que una eventual reelección representaría la continuidad de un modelo de gobierno marcado por el desorden administrativo, la opacidad y el uso político de los programas sociales.
Asimismo, acusan que el interés por mantenerse en el cargo responde más a la posibilidad de conservar privilegios y control político que a un verdadero compromiso con el desarrollo de Tizimín.
Morena, ante su propia contradicción
Este escenario coloca a Morena ante una de sus mayores contradicciones: permitir que perfiles cuestionados busquen reelegirse, aun cuando su desempeño contradice el discurso de transformación, honestidad y cercanía con el pueblo.
Lejos de corregir el rumbo, el partido parece dispuesto a apostar por la continuidad, aun a costa del desgaste de su imagen en el oriente del estado.


